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Lleva trabajando años en cooperación y desarrollo. Este profesor de la EHU/UPV recibirá mañana el Premio a la Persona Vasca Cooperante como reconocimiento a esta labor que le ha llevado a países como Bolivia y Nicaragua y a jugar un papel vital en este ámbito dentro del País Vasco.
Tiene un currículum que asusta por lo extenso. Sus inquietudes solidarias le han llevado a sumirse a lo largo de los años en mil y un proyectos de cooperación, en investigación, en docencia... Su presencia en Hegoa y en la Coordinadora de las ONG de Euskadi ha sido fundamental. Ahora, va a recibir el Premio a la Persona Vasca Cooperante 2007 "en reconocimiento a su trayectoria en el mundo de la cooperación para el desarrollo a lo largo de los últimos 30 años, así como a su papel fundamental en el surgimiento y devenir de la cooperación en el País Vasco".
Su trayectoria en el mundo de la cooperación es impresionante. ¿Un currículum así se hace por vocación?
Se hace sin querer. Lo bonito de estas cosas es que a diferencia de los currículum en otras esferas, aquí no vas buscando nada, ni ambicionando nada. Las etapas van surgiendo una tras otra. A lo largo de mi vida yo he tenido la suerte de encontrar proyectos a los que incorporarme que han sido muy interesantes y gratificantes. Ha sido un desarrollo muy natural para mí.
Ha pasado por Bolivia, por Nicaragua... Estar en esos lugares ¿ayuda a implicarse?
Sobre todo a lo que ayuda es a tener una mirada distinta. Desde el momento en el que uno tiene esa experiencia directa te cambia la visión de las cosas. Desde aquí siempre tendemos a mirar a la pobreza o al subdesarrollo como realidades que son siempre carentes y que necesitan de nosotros. Desde allí percibes más profundamente las necesidades pero detectas también sus enormes potencialidades y capacidades. Eso te marca una forma distinta de ver las cosas.
Así que a usted allí las gentes le han aportado también cosas muy importantes.
Necesitamos de los otros para resolver nuestros problemas. Ellos también nos tienen que ayudar a nosotros. Más que de ayudar, se trata de trabajar mucho más conjuntamente, colaborar.
O sea, que en esto de la cooperación, fuera los paternalismos.
Sin duda. La cooperación del siglo XXI es la cooperación entre iguales y buscando un objetivo común.
En Bolivia y en Nicaragua puso en marcha algunas publicaciones.
Participé en proyectos de prensa escrita. Eran fruto de la necesidad de buscar plataformas desde las que se pudiera fomentar la reflexión y el análisis y darlo a conocer. Porque una sociedad que no piensa y que no transmite sus pensamientos está condenada a repetirse.
¿Qué ha aportado la Coordinadora de las ONG de Euskadi al mundo de la cooperación vasca?
Muchas cosas. Fue decisiva a la hora de sensibilizar a la opinión pública y a las instituciones oficiales. Creo que ha sido capaz de ir evolucionando y cambiando sus papeles y objetivos en función de cómo iba cambiando el mundo. Se ha ganado un peso y una legitimidad en toda la sociedad vasca buscando puentes para colaborar.
¿Es la sociedad vasca solidaria?
Para ser solidario hay que proponérselo, hay que trabajarlo y concienciarse porque si no las tendencias de autocomplacencia y de egoísmo están siempre latentes. Creo que en la sociedad vasca hay muchos elementos que expresan esa preocupación solidaria, pero decir sin más "ya somos solidarios" es muy peligroso. Lo de ser solidarios o se gana día a día, o se pierde día a día. Es una tensión continua que no podemos perder. Falta mucho por hacer y sobre todo ver dónde ponemos las metas de la solidaridad. La auténtica solidaridad los próximos años va a ser el saber cómo compartimos con otros pueblos. La cooperación es un instrumento interesante e importante, pero la resolución de los problemas del mundo no puede venir sólo de la cooperación.
¿En qué proyectos está metido?
Estoy siempre en la Universidad, en actividades de investigación y docencia de temas de cooperación al desarrollo. Estamos colaborando también con universidades de América Latina, sobre todo en temas de desarrollo humano local; en cómo colaborar y participar en la elaboración de proyectos de desarrollo en comunidades o provincias, pero dentro de un concepto de desarrollo que vaya más allá de lo estrictamente económico. Se trata de crear una economía social y solidaria, crear espacios de decisión y participación a nivel local. Es la forma de ir creando, paso a paso, una nueva globalización, desde abajo. Si no hay participación y no hay capacidad de creación en los espacios locales, la globalización será siempre algo impuesto desde arriba. Si vamos creando una fuerza a niveles de base iremos creando cada vez más una globalización más democrática.
Ingresado el 2008-04-03